Reencuentro

– ¿Un mexicano? – propuso.

A mí me pareció bien. Íbamos siempre al mismo restaurante y yo ya estaba aburrida, así que me daba igual dónde fuéramos con tal de cambiar.

– ¿Chapulines? – sugirió mientras le echaba un vistazo a la carta.

¡Qué maravillosa idea! ¿Cuánto tiempo hacía que no los comía?

Empecé a salivar.

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