El lector vampiro

nosferatu. http://www.creepyshake.com/2015/02/10/nosferatu

“Entre las creencias relacionadas con la brujería está la que prescribe como eficaz antídoto contra una bruja echar de noche un gato muerto en la puerta de la propia casa. La bruja se inclinará sobre el animal para contar sus pelos, tarea que la tendrá ocupada hasta que aclare y entonces se la podrá atrapar. Parece ser un rasgo de los amos de la noche la compulsión del recuento. También los vampiros al chupar la sangre de sus víctimas se enfrascan en una tarea de, por así decirlo, saneamiento profundo. Y muchos lectores se comportan igual. Aunque no les guste el libro que están leyendo no lo sueltan hasta acabarlo. No tienen en la mano un libro sino un gato muerto, y no pueden librarse de su hechizo. Cuentan cada una de sus malditas palabras, víctimas de la misma compulsión totalizadora que comparten brujas y vampiros.”

Fabio Morábito, El idioma materno
Editorial Sexto Piso

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El gurú

– Entonces -pregunto a las tres niñas- ¿Qué palabras nuevas hemos aprendido hoy?

– Apresuradas, desgranar y gurú -responden las tres a la vez.

– Muy bien.

– ¡Yo conozco a un gurú! -grita una de repente, levantando la mano todo lo que puede y saltando de la silla para ponerse a dar brincos. Tiene que recolocarse las gafitas.

– ¿Ah, sí? ¿A cuál? -interrogo.

– ¡A un amigo mío que se llama Sergio!

Pienso en que esta niña tiene solo siete años. Indago.

– ¿Y por qué es un gurú?

– Porque es experto en todo: en matemáticas, en lengua, en conocimiento del medio, en manualidades…

Me lo dice tan convencida, que no me atrevo a replicarle que eso que ella piensa no es un gurú exactamente. Las otras niñas la miran con asombro.

– Y vosotras -les digo a ellas- ¿No conocéis a ningún gurú?

– No.

– Y si pudiérais conocer a uno, ¿a qué tipo de gurú os gustaría conocer?

Ninguna de las dos se atreve a responder nada. Miran hacia el techo y sacan la lengua en un gesto de esfuerzo intelectual. Dicen ummmm, pero no terminan de decidirse por nada en concreto.

– ¡Yo sí lo sé, yo sí lo sé! -salta de nuevo la de las gafitas.

– A ver.

– A un gurú experto en libros, a otro gurú experto en árboles, a un gurú experto en casas, a otro gurú experto en camiones…

¿En camiones? No pregunto nada. La niña de las gafitas sigue enumerando gurúes. Las otras niñas siguen sin decir nada. Y yo me pongo a pensar sin decidirme tampoco, ¿a qué tipo de gurú me gustaría conocer a mí?