Mil millones de cervezas

Tengo que bajarme en la siguiente estación, así que me levanto, voy hacia la salida que me pilla más cerca, y espero a que pare el tren. Al lado de la puerta hay dos hombres que conversan. Van sentados, y cada uno de ellos lleva un niño pequeño en brazos.

– ¿Te imaginas que tenemos que volver a aprender a ligar ahora, tío? Qué pereza.

– Pero qué dices, si nunca hemos sabido ligar. Nos bebíamos mil millones de cervezas y nos enrollábamos con lo primero que caía. ¿Es o no es?

– ¡Es!

Y los dos empiezan a partirse de risa mientras los niños les miran con cara de no saber qué está pasando ahí.