Postergación

Los tengo delante, dos peldaños más arriba, subiendo por las escaleras mecánicas del metro para salir a la Avenida de América. Un adolescente con tupé que lleva un libro en la mano, y un hombre gordo con gafas de pasta.

-El peso de esa palabra densa y oscura te está aplastando contra los cojines del sofá del salón -dice el adolescente.

-¿Pero de qué estás hablando? -contesta el hombre.

-De la postergación.

-¿Cómo?

-Postergación, posposición, procrastinación… Llámalo como quieras, papá, pero ese es tu verdadero problema y tienes que reconocerlo.

-Hostia puta, con el jodío niño de los cojines.

sofá y cojines. http://espaciohogar.com/cojines-sofa/turquoise-pillows-white-sofa-0211-de-jpg/

El lector vampiro

nosferatu. http://www.creepyshake.com/2015/02/10/nosferatu

“Entre las creencias relacionadas con la brujería está la que prescribe como eficaz antídoto contra una bruja echar de noche un gato muerto en la puerta de la propia casa. La bruja se inclinará sobre el animal para contar sus pelos, tarea que la tendrá ocupada hasta que aclare y entonces se la podrá atrapar. Parece ser un rasgo de los amos de la noche la compulsión del recuento. También los vampiros al chupar la sangre de sus víctimas se enfrascan en una tarea de, por así decirlo, saneamiento profundo. Y muchos lectores se comportan igual. Aunque no les guste el libro que están leyendo no lo sueltan hasta acabarlo. No tienen en la mano un libro sino un gato muerto, y no pueden librarse de su hechizo. Cuentan cada una de sus malditas palabras, víctimas de la misma compulsión totalizadora que comparten brujas y vampiros.”

Fabio Morábito, El idioma materno
Editorial Sexto Piso

Siento AMOR

Casi por cualquier libro.

Me vendo

Por un libro.

Tres tíos

Yo sigo con la vista fija en la misma línea del libro que hace diez minutos, y con la oreja puesta. Las dos chicas que van sentadas a mi lado siguen hablando entre ellas.

– Pues si yo voy a follar con tres tíos, quiero enterarme, qué quieres que te diga.

– Eso es lo que yo le he dicho a ella, tronca, pero le importa una mierda.

– Está muy loca.

– Le hace gracia no acordarse de nada, y que se lo fueran contando después los colegas.

– ¿No se muere de vergüenza?

– ¡Qué se va a morir! Si ya está diciendo que en la próxima fiesta se va a comer el doble de lo que se ha comido en esta. Para fliparlo más, dice la muy tonta.

– Pues yo no pienso estar pendiente de ella, no te jode, que espabile de una vez, tanta pirula y tanta droga.

– Por cierto, ¿a ti te queda algo?

Y en estas, se levantan y se van para las puertas del vagón, que en ese momento se abren.

– Ni gota -dice la otra.

Y salen.

Y yo me quedo con la vista fija en la misma línea del libro, y de ahí no paso en lo que me queda de trayecto porque sigo pensando en todo lo que he estado escuchando antes.