Reciprocidad

“Hay catálogos de catálogos.

Hay poemas sobre poemas.

Hay obras sobre actores representadas por actores.

Cartas motivadas por cartas.

Palabras que sirven para explicar palabras.

Cerebros ocupados en estudiar el cerebro.

Hay tristezas contagiosas al igual que la risa.

Hay papeles que provienen de legajos de papeles.

Miradas vistas.

Casos declinados por caso.

Grandes ríos con gran participación de otros pequeños.

Bosques hasta sus bordes desbordados de bosque.

Máquinas destinadas a construir máquinas.

Sueños que de repente nos arrancan del sueño.

Salud necesaria para recuperar la salud.

Escaleras tan hacia abajo como hacia arriba.

Gafas para buscar gafas.

Inspiración y espiración de la respiración.

Y ojalá de vez en cuando

odio al odio.

Porque a fin de cuentas

lo que hay es ignorancia de la ignorancia

y manos ocupadas en lavarse las manos.”

 

Wyslawa Szymborska, Hasta aquí
Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán
Bartleby Editores

lavarse las manos. http://lenguayliteraturamonreal.blogspot.com.es/2012/04/como-lavarse-las-manos.html

Paradojas

Una vez tuve un profesor de lengua que me dijo que la ignorancia explicaba muchas cosas.

– Qué paradoja, ¿verdad que sí? – me preguntó mientras colocaba su mano grande y peluda sobre mi blanquecina pierna.

Todos los niños se habían ido al recreo, y yo me moría de ganas por irme también a correr al patio, pero el profesor me había parado en la puerta y me había pedido que volviera a sentarme en mi sitio y esperara un poco.

Los rayos de sol entraban por las ventanas abiertas, podía escuchar los gritos de mis compañeros jugando al rescate. El profesor me miraba en silencio y me acariciaba la rodilla. Yo estaba incómoda, desconcertada. No sabía lo que era una paradoja.

A mí también me gusta el fútbol

Hace algún tiempo, un amigo me invitó a colaborar en un blog futbolero. ¿Y qué voy a escribir yo sobre eso?, contesté. Pero él, sensible a mi desconcierto, me explicó que podía utilizar este deporte como una vía para contar diferentes historias: de superación, de humildad, de egocentrismo, de solidaridad… El fútbol abarca y da para tantas cosas, dijo, que podría servir para casi todo. No voy a describir la cara que se me puso después de escuchar aquello.

El runrún de lo que me había dicho este amigo quedó flotando en el interior de mi cabeza, hasta que un día, acodada en la barra de una cafetería, leí el siguiente titular en el periódico de un señor que estaba sentado a mi lado: “Marca vende cada día 103.719 ejemplares más que As”. Inmediatamente me pregunté para mis adentros: ¿Y por qué? Y fue entonces cuando me di cuenta de que, al fin y al cabo, yo también me intereso por el fútbol.

Mi ignorancia supina sobre las reglas de este deporte hace que dé mil vueltas alrededor de las cuestiones más estúpidas; según aquellos que me rodean y que entienden del tema, claro, porque a mí sí que me parecen asuntos interesantes, aunque no tengan nada que ver con la trayectoria de la bola. Así, reconozco, por ejemplo, que disfruto analizando el lenguaje no verbal de los entrenadores en las ruedas de prensa, y que también me fijo mucho en la información que se refleja en los marcadores durante la retransmisión de un partido, porque, aunque no la entienda toda, lo que más me interesa es observar cómo avanza la tecnología en este sentido. Pero lo que más me gusta, con diferencia, es cuando un equipo juega un partido muy importante y gana y se vuelve loco, o pierde y todos los jugadores se ponen a llorar desconsoladamente.

Quiero aclarar que no soy mala persona y que, además del amigo que he mencionado antes, muchas otras personas podrían atestiguarlo. No disfruto con la desgracia ajena, sino con la expresión auténtica de las emociones, y no se puede negar que este tipo de situaciones son bastante intensas… En fin, que a lo que voy es a admitir que, efectivamente, a mí también me gusta el fútbol, aunque sea a mi particular manera.