Paseos cuando hay fútbol

Camino durante largo tiempo sin cruzarme con nadie, el parque está solitario. Todo es paz y sosiego entre los árboles. De repente, un murmullo que crece en la distancia. ¿Qué pasa? Lo averiguo cuando me acerco. Los socios del club de fútbol del barrio han ocupado el bar del polideportivo, y han sacado a la terraza el televisor y las sillas para ver jugar a La Roja. Los veo desde arriba porque están como en un foso. Todos gritan al unísono mirando la pantalla: ¡Uyyyyyyyyy!

Sigo caminando y los dejo atrás. Silencio. Solo se oyen los pájaros y, a lo lejos, el tráfico de la carretera que va paralela al parque. Poco a poco, otro murmullo que crece. Una fiesta de cumpleaños en la zona de los columpios. Hay un grupo de madres sentadas en el césped, y un montón de niños pequeños que chillan y saltan. Uno viene corriendo hacia mí, y se para en la fuente para llenar un globo con agua. No puede. No tiene la fueza necesaria para apretar el botón y hacer que el chorro salga. ¿Me ayudas?, me pregunta. Le lleno un par de globos, y cuando me doy la vuelta, se ha sacado del bolsillo un puñado más y me los acerca. Todavía faltan todos estos, me apremia. Pero yo le contesto que tengo mucha prisa y que tengo que irme a mi casa. Bueno, y se vuelve a guardar los globos en el bolsillo para agarrar con sus manitas sucias los dos que acabo de inflarle. ¡Ten cuidado, que no se te rompan!, le grito mientras se aleja. ¡Vale! me contesta él trotando hacia donde está la fiesta.

Continúo mi camino, que no es ninguno en concreto. Después de bastante rato, me cruzo con una mujer que lleva puesta una camiseta verde con letras blancas: Escuela Pública de Todos para Todos. El chihuahua que va con ella se acerca a olerme y ladra, la mujer le llama la atención para que no me moleste. No pasa nada, la tranquilizo. Es que le gusta saludar a la gente, contesta ella, y como hoy no hay jaleo por la calle, te ha visto venir y se ha puesto contento. Sí, hoy está todo muy tranquilo, le confirmo. Sí, añade ella, esperemos que juegue mucho España.

La dejo atrás y bordeo la pinada. Las mesas del merendero están vacías. Camino, camino. Hay tanta calma… ¿Qué habrá pasado con el partido? Cuando llego a casa, enciendo la tele y veo las noticias. Hemos perdido y estamos fuera del campeonato.

parque. http://www.panoramio.com/photo/87892128

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Esa hilera de señores

De pie dentro del estadio de fútbol. De espaldas al campo de juego, rodeando su perímetro. Mirando al graderío que ruge. Quietos, rígidos. Atentos a la avalancha humana que se les viene encima.

moáis. http://megaconstrucciones.net/?construccion=moais-isla-pascua

A mí también me gusta el fútbol

Hace algún tiempo, un amigo me invitó a colaborar en un blog futbolero. ¿Y qué voy a escribir yo sobre eso?, contesté. Pero él, sensible a mi desconcierto, me explicó que podía utilizar este deporte como una vía para contar diferentes historias: de superación, de humildad, de egocentrismo, de solidaridad… El fútbol abarca y da para tantas cosas, dijo, que podría servir para casi todo. No voy a describir la cara que se me puso después de escuchar aquello.

El runrún de lo que me había dicho este amigo quedó flotando en el interior de mi cabeza, hasta que un día, acodada en la barra de una cafetería, leí el siguiente titular en el periódico de un señor que estaba sentado a mi lado: “Marca vende cada día 103.719 ejemplares más que As”. Inmediatamente me pregunté para mis adentros: ¿Y por qué? Y fue entonces cuando me di cuenta de que, al fin y al cabo, yo también me intereso por el fútbol.

Mi ignorancia supina sobre las reglas de este deporte hace que dé mil vueltas alrededor de las cuestiones más estúpidas; según aquellos que me rodean y que entienden del tema, claro, porque a mí sí que me parecen asuntos interesantes, aunque no tengan nada que ver con la trayectoria de la bola. Así, reconozco, por ejemplo, que disfruto analizando el lenguaje no verbal de los entrenadores en las ruedas de prensa, y que también me fijo mucho en la información que se refleja en los marcadores durante la retransmisión de un partido, porque, aunque no la entienda toda, lo que más me interesa es observar cómo avanza la tecnología en este sentido. Pero lo que más me gusta, con diferencia, es cuando un equipo juega un partido muy importante y gana y se vuelve loco, o pierde y todos los jugadores se ponen a llorar desconsoladamente.

Quiero aclarar que no soy mala persona y que, además del amigo que he mencionado antes, muchas otras personas podrían atestiguarlo. No disfruto con la desgracia ajena, sino con la expresión auténtica de las emociones, y no se puede negar que este tipo de situaciones son bastante intensas… En fin, que a lo que voy es a admitir que, efectivamente, a mí también me gusta el fútbol, aunque sea a mi particular manera.