Las brujas de la noche

Las brujas de la noche. http://elasombrario.com/lyuba-vinogradova-conjura/

Las ‘brujas de la noche’ fueron un grupo de intrépidas mujeres que pilotaron aviones de bombardeo nocturno del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, sembrando el terror entre los soldados nazis. Ellos les dieron este apodo. Pero este libro no solo habla de ellas, sino también de las aviadoras que bombardeaban de día, de las pilotos de caza y de sus navegantes y mecánicas. Todas estas valientes conformaron los tres primeros escuadrones de combate aéreo exclusivamente femeninos de la historia. Un hecho excepcional sobre el que se conocía muy poco, hasta que Lyuba Vinogradova se ha propuesto investigarlo.

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Memoria histórica

“Uno de los primeros lugares donde se hicieron exhumaciones fue la aldea de Fonelas (Granada), donde, todavía en los setenta, muchas personas seguían viviendo en lo que eran esencialmente cuevas, al igual que sus ancestros en los años treinta, carentes de muchas de las comodidades de la vida moderna. El 1 de abril de 1976 (Día de la Victoria), tras haber recibido el permiso del alcalde y del comandante de la Guardia Civil local, un grupo de unas sesenta personas del pueblo, entre los que había al menos un recién llegado del extranjero como emigrante, se dirigieron al lugar, a un kilómetro aproximadamente del pueblo, donde tres republicanos habían sido fusilados y enterrados juntos a toda prisa en abril de 1939. Las muertes nunca habían sido registradas oficialmente y nadie se había atrevido a hablar del luctuoso hecho durante casi cuarenta años, aunque poco a poco se había convertido en una costumbre de los lugareños rezar una oración al pasar y dejar una cinta atada en los arbustos que crecían en los alrededores de la fosa, que la habían ido ocultando poco a poco a lo largo de los años. El recuerdo colectivo se inició con la exhumación de los huesos y su traslado al cementerio. El proceso se llevó a cabo con cautela; los participantes prefirieron permanecer en el anonimato y expresaron su sensación de que el acto debía de ser ilegal. No estuvo presente ningún funcionario de ninguna administración. No solo se temían las represalias de las autoridades: el resentimiento y el dolor de la violencia íntima estaban profundamente arraigados, hasta el punto de que en algunos casos parecían, de hecho, paralizar a los afectados de la comunidad; así, en diversas ocasiones, la iniciativa de volver a enterrar a las víctimas partía de personas que habían regresado a la comunidad después de pasar años fuera de ella, generalmente como trabajadores emigrantes. Durante 1976 volvieron unos ochenta mil emigrantes españoles, aunque casi 3,5 millones se quedaron en el extranjero, un tercio de ellos en Europa.”

Michael Richards, Historias para después de una guerra
(Memoria, política y cambio social en España desde 1936)
Traducción de Efrén del Valle
Ediciones Pasado & Presente

El Roto. http://elpais.com/elpais/2012/02/20/vinetas/1329752891_804525.html