Cuartos de final

Lo reconozco. Deseaba con todas mis fuerzas que ganara España y que perdiera Francia. ¿De dónde provenía esta pasión extraña? Me preocupé. Buceé en mi subconsciente y di con la explicación: había establecido una asociación muy intensa entre Sarkozy y el equipo francés. ¡Voilà! El resultado del partido sirvió para la catarsis, aunque vaya por delante que los políticos españoles tampoco me gustan nada. ¡Olé!