Confieso que he rezado

Aunque de eso hace ya mucho tiempo.

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Todo se me olvida

Algunas veces, hasta mi propio nombre.

Yo

En hassanía, yo se dice ana. Yo decía: “yo soy Ana”, y aquel hombre del turbante se reía y me contestaba: “yo soy yo”. Y yo también me reía, porque bueno, sí, claro, definitivamente yo soy yo, eso es cierto. O eso creo, más o menos.

yo. https://tech.khodnevis.org/article/58376

Por culpa de la arena 

Tengo el pelo de cartón.

En mi próxima vida 

Seré escriba. 

Concentración 

Buscando unos instantes de calma.

Una libélula 

La he matado. Creía que era un mosquito grande y he reaccionado rápido, como debe procurar hacerse en estos casos. Antes de darme cuenta, ya estaba la huella de mi zapato impresa en la pared de la terraza, junto al amasijo espachurrado de alas, tripas y patas.

– Vaya cuerpo más largo tiene este bicho -he pensado.

Y al acercarme a inspeccionar el cadáver, he descubierto el fiasco.

Estoy desolada.

libélula. http://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/wiki/index.php?title=Lib%C3%A9lula_emperador

Conferencia 

Mushin al-Ramli habla.

Una de sus frases me sacude:

“A veces sueño que una ola de sangre me persigue.”

rojo

 

Perro azul

Ya tengo ganas. Quiero viajar a esa isla y leer la botella con mis propios ojos: perro azul, frío perfecto. Y después beberme la cerveza helada.

perro azul, de George Rodrigue. https://www.liveauctioneers.com/item/13318909_george-rodrigue-american-b-1944-blue-dog-thi

Aeropuerto

Llegadas. Qué buen lugar para ver llorar a las personas.

Es cierto

postura de la vaca. http://www.yinyoga.com/newsletter21_cowface.phpA veces me transformo en vaca.

Climatología

Viento, nieve, lluvia, sol y nubes. Todo en tres días de caminata. Y vuelvo a casa y sol. Y al día siguiente, otra vez lluvia. Un estornudo. Y el recuerdo de aquel oasis oculto entre las montañas rojas.

¿Por qué suspiramos?

Eso es lo que me ha preguntado.

Una preocupación

Ver cómo van perdiéndose las plumas a través del agujero de la manga. Y no poder hablar.

Pesadillas

Cuando tengo mucho calor mientras estoy dormida. Porque me he abrigado mucho y me estoy cociendo bajo las sábanas, porque la calefacción está muy alta y ha subido la temperatura, o porque estoy enferma y tengo fiebre. Es así: sueño que me están matando, me despierto sobresaltada, y la angustia que sentía se transforma en urgencia por desarroparme, abrir la ventana o tomarme una pastilla.

Anoche soñé que me engullía una gigantesca serpiente marina. El edredón de plumas era demasiado gordo.

serpiente marina- https://es.wikipedia.org/wiki/Serpiente_marina_%28mitolog%C3%ADa%29

Todavía tengo las marcas

De las picaduras de mosquito de aquel día de verano. Y ya es otoño.

mosquitos. http://www.laverdad.es/murcia/20140130/local/mazarron/hasta-euros-fumigar-comunidad-201401301929.html

Después de pensar mucho

Me he dado cuenta de que no hace falta pensar tanto.

Las chicharras

Cantan afuera, en el césped, durante el verano.

Y cantan dentro de mi cabeza, a todas horas, durante todo el año.

¿Que cuántas cerezas me he comido?

27.

Ilusión por la política

Manuela Carmena. http://www.europapress.es/madrid/noticia-artistas-disenadores-llenan-redes-sorprendentes-dibujos-ilustraciones-manuela-carmena-20150518141817.htmlMadrid con Manuela

El sol

Me vuelve de color bermellón.

Irme

Al final siempre me acabo yendo.

Cuando me vaya del todo, será tan solo otra despedida más.

Fin.

Jarabe

No me atrevo a leer el prospecto del mejunje que me estoy tomando. Cada vez que desenrosco el tapón del bote, cuchara en mano, pienso: veneno.

He descubierto cuál es la clave

Hacer como si nunca hubiera pasado nada.

Siento AMOR

Casi por cualquier libro.

Un beso

Fue hace mucho tiempo, dentro de un iglú de seis plazas, en la zona de acampada de un macrofestival de música cerca de la playa, de madrugada. Yo intentaba dormirme, y buscaba la mejor postura posible dentro de aquel saco viejo que me habían prestado, pero cuando estaba empezando a conseguirlo, entró el único que faltaba de todos los que formábamos el grupo. Siempre el último. Me hice la dormida porque no tenía ganas de hablar con él. Se acercó hasta mí, y aunque yo no lo veía, lo notaba cerca, cada vez más cerca. ¿Por qué se me estaba pegando? No quise fingir que me despertaba. Seguro que venía borracho y tenía ganas de charla, y yo estaba cansada y quería dormir, así que no moví ni un solo músculo aunque sentí que su aliento ya me rozaba la cara. Olía a ron con coca-cola. Esperé. Entonces me besó en la nariz. Un beso breve y ligero, como de colibrí. Yo no abrí los ojos, pero se me aceleró el corazón. ¿Va a tocarme?, pensé. Y seguí haciéndome la dormida mientras él seguía respirando cerca de mí. Estuvo así un rato. Después se retiró, y escuché cómo trasteaba con su saco hasta que dejó de hacer ruido y su respiración se volvió pesada, como las de todos los demás. Y ya no me pude dormir.

colibrí. http://servicios.educarm.es/admin/webForm.php?aplicacion=NATURA&mode=ampliacionContenido&sec=68&ar=12&cont=8209&web=6&zona=CENTROS&menuSeleccionado=

No estoy muy segura

De si tengo alma. A veces creo que me la noto, pero me da miedo la sola idea de intentar tocarla. Por eso nunca he conseguido despejar mi incertidumbre.

Me ha encontrado

Quien ha buscado corazones humanos para niños.

Mi post más leído

Va de bragas. A la gente le gustan las bragas. Tendré que hablar más de bragas.

Me vendo

Por un libro.

Todo es relativo

Ese es mi mantra.

Impulso

rostro de mujer de Kile Zabala. http://www.dibujosde.es/detalle.php?iddibujo=646Entró una mujer y se sentó frente a mí. De vez en cuando se cruzaban nuestras miradas. Pero qué bonita es, pensé. Empecé a ponerme nerviosa. Nunca me había pasado antes. De repente, no pude contenerme y, cuando el tren paró y se abrieron las puertas, me levanté y me fui hacia ella. Eres guapísima, le solté.

Ella me miró con cara de sorpresa. Yo salí del vagón sin esperar a que dijera nada. Me llevaba la euforia. Caminé por el andén hasta que el convoy desapareció dentro del túnel, y luego me senté en un banco a esperar el próximo tren. Me faltaban cinco estaciones para llegar a mi destino. Empecé a sentir vergüenza.

A veces

Coso. Remiendo lo que se ha roto.

La lentitud

Está en los caracoles del jardín. En esa oruga que trepa por el tronco del árbol. Y en mí.

Me voy para atrás

A mí también me pasa que a veces llego a un punto de la lectura en el que me despisto y me pongo a pensar en otra cosa. Pero cuando vuelvo al texto, pasados unos segundos, me sorprendo mirando los renglones anteriores al lugar donde me desenganché antes. Me distraigo varias veces seguidas, repitiendo el itinerario, aunque cuanto más tiempo me paso embobada, más líneas voy retrocediendo, hasta que llega un momento en el que empiezo a pasar páginas a la inversa, empecinada en retomar la historia sin que se me escape ningún detalle. Esa es la señal. Si veo que voy para atrás, apago la luz y me duermo.

Soy transparente

Para mi bien y para mi mal.

Me estoy volviendo mala

O eso es lo que a mí me gustaría.

ITV

Cuanto más mayor me hago, más miedo me da que me saquen sangre. Menos paciencia tengo con la gente. Más tonta me siento cuando voy a pasarle la ITV al coche.

El otro día quise inflar los neumáticos antes de ir a enfrentarme con la inspección técnica de vehículos, pero fui a parar a una gasolinera donde había que pagar para utilizar la máquina de aire y no supe averiguar cómo funcionaba el trasto, así que tuve que dar por perdido el euro que me había gastado y marcharme corriendo porque llegaba tarde.

Entré en el taller nerviosa porque no sabía si tener las ruedas medio desinfladas podía suponer que el coche no aprobara el examen. Le pregunté al operario que me recibió primero, pero como estaba hablando con el que tenía en el puesto de al lado, no me hacía mucho caso. Finalmente me dijo que no me preocupara, que lo de las ruedas no era para tanto. Después empezó a darme instrucciones: pon el intermitente derecho, el izquierdo, luces de posición, largas, de emergencias…

-Vas a tener que decirle al mecánico que te suba un poco la luz izquierda, que la tienes baja.

– Vale, ¿y a cuál se lo digo?

– Bueno, mujer, ¡no te voy a presentar yo también al mecánico!

Me puse colorada, ¿y yo qué sabía que se refería a un mecánico de fuera? Me daba instrucciones, ¡pues yo intentaba seguirlas! Aquello estaba lleno de mecánicos, ¿o es que no son mecánicos los que te pasan la ITV? En fin. Creo que les di pena. Tan confundida, tan ignorante de su mundo, tan perdida. Pero superé todas las pruebas.

Cumplo con el tópico

No tengo sentido de la orientación.

Mensaje en botella rota

Puede que un día de estos, si le da por hacer una búsqueda en Google para ver lo que se dice en la red sobre sus libros, llegue por casualidad hasta esta página. Será como un mensaje encontrado en una botella rota.

Roger Wolfe: amo tu escritura total.

Es decir, quiero decir, quicir,

coletilla de moda que me saca de quicio.

Un deseo

Ojalá fuera capaz de acostarme temprano.

Mi insignificancia

Explicarle todo lo que me había pasado no hizo que me sintiera mejor. Me miró con cara de cansancio.

– Si te cuesta relativizar lo que te pasa -dijo-, solo tienes que pararte a pensar un rato en la inmensidad del universo. Y luego piensa en tu insignificancia.

No lo entiendo muy bien

¿Qué significa exactamente “pedirle demasiado a la vida”?

Paradojas

Una vez tuve un profesor de lengua que me dijo que la ignorancia explicaba muchas cosas.

– Qué paradoja, ¿verdad que sí? – me preguntó mientras colocaba su mano grande y peluda sobre mi blanquecina pierna.

Todos los niños se habían ido al recreo, y yo me moría de ganas por irme también a correr al patio, pero el profesor me había parado en la puerta y me había pedido que volviera a sentarme en mi sitio y esperara un poco.

Los rayos de sol entraban por las ventanas abiertas, podía escuchar los gritos de mis compañeros jugando al rescate. El profesor me miraba en silencio y me acariciaba la rodilla. Yo estaba incómoda, desconcertada. No sabía lo que era una paradoja.

El miedo y el frío

Estaba soñando algo que me hacía sentir mucho miedo y mucho frío. Recordé dentro del sueño que había dejado abierta la ventana del cuarto, y me incorporé para cerrarla sin abrir los ojos. Volví a la cama y retomé la situación. Tenía que enfrentarme a aquello tan terrible que estaba haciéndome temblar, pero ya no sentía frío, y me di cuenta de que el miedo había desaparecido por completo. Entonces me entraron ganas de reírme y de ponerme a bailar.

Me entusiasman los documentales sobre el mundo submarino.

Canónigos

Entré corriendo en el chino del barrio. Tenía prisa. Me fui directa al rincón de las verduras. No los encontraba. Alcé la voz para preguntarle al hombre del mostrador que estaba junto a la puerta.

– ¿Tienes canónigos?

– ¿Calóligo? – me contestó él también a voz en grito.

– No te preocupes, muchas gracias.

Salí de allí precipitadamente, dejándole con cara de duda. Después me di cuenta de que había sido una maleducada.

Una pregunta

Quise hacerle una pregunta, pero no fui capaz de abrir la boca. Ahora sé que no volveré a tener una oportunidad como aquella, y no puedo dejar de pensar en cuál hubiera sido su respuesta.

Una vez monté un circo

De los de verdad.