Vacaciones

– .vacaciones. http://www.marketingdirecto.com/actualidad/checklists/22-signos-de-que-necesita-unas-vacaciones-marketeras/ .. porque si aquí no estás contenta, siempre te puedes ir a otra empresa donde te paguen más dinero, pero donde te traten peor. Donde te peguen por las mañanas, donde te insulten, donde te escupan…, en fin, para qué te voy a contar yo si ya lo sabrás tú…

Mi amiga no sabía nada. Había ido a ver a su jefe al despacho para preguntarle cuándo podría cogerse las vacaciones, pero él la había recibido sacando el tema de la fidelidad a la empresa, la dedicación, el compromiso, la entrega, la disponibilidad total…

Ella dejó que siguiera hablando, y al final se fue sin haberle preguntado lo que le había ido a preguntar. Él tampoco tuvo curiosidad por saber cuál había sido el motivo de la visita.

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Hay que hacer algo

La reunión ya duraba más de tres horas. Cuando acabó su turno de exposición, mi amiga volvió a su asiento aliviada. Ya no le correspondía a ella decidir cuál sería la mejor manera de salvar la venta de aquel producto. Su jefe tomó el relevo.

– Muy bien -dijo sin titubeos, barriendo con la mirada toda la sala de juntas-, está claro que hay que hacer algo, y que hay que hacerlo antes de que lo haga la competencia.

Todo el mundo guardaba silencio.

– Habrá que adornar a la niña y ponerle la minifalda para que se le vean las piernas.

Mi amiga se puso tensa. ¿A qué niña se refería el jefe? ¿Al producto o a ella?

minifalda

El asunto

A mi amiga le ha surgido un conflicto por una cuestión de trabajo: la posibilidad de incorporar un cliente nuevo a costa de incumplir el acuerdo que había establecido con un “competidor amigo”. Su jefe le ha dado un consejo.

La llamó ayer a su despacho y le habló con el corazón en la mano.

– Cuánto te queda por aprender -le dijo-. Está bien que te acuestes con tu marido y no con el vecino, pero hay veces en que no puede andarse uno con tantos remilgos. Tú tira para adelante con el asunto, que ya veremos luego cómo le ponemos el maquillaje. Y aplícate el cuento para el futuro.

Uh!

Ayer Isa no estaba muy habladora. Me saludó cuando entré en cabina, y no volvió a soltar palabra hasta que terminó conmigo. Nos vemos, guapa, fue lo segundo y lo último que me dijo. Tenía puesto un tema en loop, y mientras me iba depilando, se iba marcando un bailecito. Ella parecía de buen humor, yo no estaba especialmente sensible… se me llegaron a ir un poco los pies a mí también, y eso que estaba tumbada, y además tenía que estarme quieta para los tirones y atender a las órdenes que me iba dando con la espátula para cambiar de postura en función de la zona en la que se disponía a aplicarme la cera. Calculo que escuchamos el tema unas catorce veces, más o menos. Ahora tengo ese ritmillo incrustado en el cerebro.

Leave me alone

Ayer por la tarde fui a depilarme. Siempre me atiende la misma chica, así que hemos acabado por hacernos medio amigas. Se llama Isa, y le gusta pinchar su propia música dentro de la cabina.

Ayer Isa tenía el día torcido: un desengaño amoroso. Hablaba a toda velocidad, y me contaba con detalle lo que había sucedido, sin darse ella un respiro ni darme a mí pie a hacer ningún comentario. Por lo visto el chico la había estado chuleando hasta que a ella se le había acabado la paciencia, que había sido ese mismo día por la mañana, así que necesitaba desahogarse, y allí estaba yo para que pudiera hacerlo mientras me quitaba los pelos de las piernas con cera tibia. Hablaba y hablaba según iba dándome los tirones, que me estaban doliendo más de lo habitual, pero yo no me quejaba porque entendía que era debido a su estado de irritación.

– Leave me alone de una vez, le he dicho, leave me alone, que estoy muy harta ya de tus tonterías.

Después de decir esto, me pidió que abriera las piernas para continuar con las ingles. Estuve a punto de proponerle que lo dejáramos para otro día, que no me corrían prisa las ingles, pero me dio no sé qué irme de aquella forma, dejándola con esa rabia contenida en medio de la faena, así que mientras ella trasteaba en el ordenador para cambiar la música, yo obedecí y me abrí de piernas todo lo que pude.

– Punto pelota -sentenció.

Luego se inclinó sobre mí con la espátula cargada de cera, y empezó a sonar una canción. Se enfrascó en mis ingles y se quedó callada. Yo no intenté reanudar la “charla” porque estaba concentrándome en aguantar el dolor que me producían los tirones y no podía pensar bien. Además, parecía que se estaba tranquilizando, y no era cuestión de reavivar su mal humor volviendo sobre el mismo asunto. Cuando me miró para decirme que ya había terminado el sufrimiento, vi que tenía los ojos llorosos, igual que yo. La canción se acabó en aquel momento, y hubo un silencio que se me hizo eterno hasta que empezó a sonar la siguiente.

– Perdona por todo este mal rollo -se disculpó mientras me aplicaba la espuma hidratante.

Le dije que no se preocupara, que seguro que se le pasaría el disgusto pronto, que no le diera más importancia de la que tenía. Y ella me contesto que sí, que no pasaba nada, que las cosas eran así y que ya estaba. Se dio la vuelta y toqueteó de nuevo en el programa de música mientras yo me vestía. Empezó a sonar otra vez la misma canción de antes, la de las ingles. Luego se puso a cambiar la funda de papel de la camilla para la siguiente depilación, le di dos besos de despedida y salí de la cabina para ir a pagar.

Cuestión de bragas

– Pero si es que esto es muy fácil. Hay mujeres que tardan más en bajarse las bragas que otras, pues aquí lo mismo. ¿Te ha tocado una difícil?, pues tendrás que seguir insistiendo hasta que lo consigas.

Así que mi amiga lleva dos meses intentando negociar un contrato con un potencial cliente que no tiene interés alguno en firmar nada. Ella sabe que no hay posibilidades, pero tiene que seguir insistiendo porque su jefe insiste en que hay que seguir insistiendo.

– Al final todas terminan por quitarse las bragas – la anima.

Trabajo

Mi amiga no salió el fin de semana pasado porque estuvo trabajando en casa. Se perdió la inauguración del bar de su hermano y la despedida de su prima, que se ha ido a vivir a Holanda.

Cuando llegó a la oficina el lunes, explicó el diseño de su proyecto.

– Tienes que darle más vueltas -zanjó su jefe en la reunión del miércoles-. Eso que propones es igual que meneársela a un muerto.

Mi amiga no va a salir tampoco este fin de semana, claro. Va a perderse el funeral de su tío abuelo y mi fiesta de cumpleaños.