Yo

En hassanía, yo se dice ana. Yo decía: “yo soy Ana”, y aquel hombre del turbante se reía y me contestaba: “yo soy yo”. Y yo también me reía, porque bueno, sí, claro, definitivamente yo soy yo, eso es cierto. O eso creo, más o menos.

yo. https://tech.khodnevis.org/article/58376

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¿Otra vez por aquí?

por aquí otra vez

Sí.

Ls fqpej f du fa

Priemwejr, apdoiqj loa meoi a 8 caoj. Incamoa qoeje cua a poajejeio kde siejo, oijeaijdj o aoqiels. Zqpoeejei ejel poieja e paoieeak pie oeoee, aee, aeji, oioie, aoeie e ieo. Bieoxeio ieànnq ppq qieeercvnz paqejue.

Una sorpresa

Morir en verano

Escuché la historia por la mañana en la radio, y me pareció tremenda. Después pasaron las horas, pasaron las cosas que tienen que pasar durante todo un día, y ya por la noche, el recuerdo de aquella mujer se había diluido en mi memoria. Al fin y al cabo, hay tantas formas de morirse en verano.

mujer de piedra. http://northstargallery.com/stone/stone35.htm

Eso negro

Hechizo total. http://www.entrecomics.com/?p=98805

Simon Hanselmann, Hechizo total
Traducción de César Sánchez y Alberto García
Editorial Fulgencio Pimentel

Meditación

Me dijeron que iba a ser un concierto de cuencos tibetanos, pero al llegar rectificaron: más que un concierto, sería un espacio de meditación. Nos invitaron a relajarnos, a tumbarnos en el suelo, si queríamos, a escuchar con los ojos cerrados, a dejarnos llevar. Nos dijeron que podíamos marcharnos si los sonidos nos molestaban o nos causaban algún tipo de dolor, que no tuviéramos miedo de interrumpir, que podíamos movernos durante la sesión, cambiar de postura, salir de la sala o volver a entrar. La situación me sorprendió un poco. Me senté.

Al principio me resistí a cerrar los ojos, quería ver cómo los demás se iban acomodando, pero después hice caso y me dejé llevar. Tendida ya sobre la tarima vieja, me abandoné para sentir las vibraciones que la música de los cuencos iba produciendo en mi cuerpo. Alguien comenzó a cantar un mantra. Escuché algún ronquido de fondo, algún gemido. Respiraciones. Escuché crujir la madera del suelo, parecía que alguien se marchaba. Yo me sentía bien. Llegué a pensar incluso en la posibilidad de quedarme a dormir allí. No era consciente del paso del tiempo.

Llegó un momento en que todo quedó en silencio. Aguardé un rato, pero al no percibir ninguno de los sonidos de antes, me impacienté. Quizá la sesión había terminado. Abrí los ojos. Nadie se movía, todos permanecían acostados. El hombre que había estado tocando los cuencos se había ido. Observé a las personas que tenía más cerca para ver si respiraban. ¿Respiraban? No estaba segura. Me levanté. Fui a ver a las que estaban un poco más lejos. Tampoco estaba segura de si respiraban. No me atrevía a tocarlas, hubiera jurado que desprendían frío. ¿Qué pasaba? ¿Es que estaban todas muertas o qué? Empecé a sentir terror. Alguien tosió. Poco a poco empezaron a moverse y a salir de su letargo. Volví a mi sitio antes de que nadie abriera los ojos. Me tumbé para fingir que yo también empezaba a despertar.

Me sigue alguien desde Alemania

¿O es que estoy paranoica?

Un guitarrista flamenco

Últimamente, sobre las dos de la madrugada.

La habitación está a oscuras, me he despertado. Muevo un poco los pies y siento el frescor de las sábanas. Pongo atención. Oigo en la distancia al guitarrista de todas las noches. El rasgueo de las cuerdas se va haciendo más claro a medida que avanza por el paseo y va acercándose a mi ventana. Ahí es donde escucho “…y los pelos coloraaaaoooos…”, y luego la música y el cante se van alejando hasta que ya no se oye nada.

Alargo la mano hasta el reloj de la mesilla. Dos y cuarto de la mañana.

Testimonio

Yo sentía como un ruido en el bolsillo mientras iba andando: chrrrrrrún, chrrrrrrún. Y es que era el teléfono, que iba haciendo fotos él solo.

¿Y tú de quién eres?

Dime, ¿de quién?

El abrazo

Dentro de un momento se producirá un abrazo que durará seis horas. No hay ninguna garantía sobre lo que ocurrirá después, pero hay asientos libres para el que quiera quedarse a verlo. No se admiten pipas y se ruega silencio. Nos comeremos inmediatamente a toda aquella persona a la que le suene el teléfono móvil.

¿Quién soy realmente?

También yo me lo pregunto a veces.

Piedras

Me ha dicho que la quería porque le hacía comer flores y le regalaba piedras. Porque iban juntos al embalse, y ella se ponía a buscar rarezas por la linde del agua para llevárselas luego hasta donde él se había quedado sentado a esperarla. Le encantaba manosear los tesoros que le traía aquella pequeña salvaje.

Cuando quedaban en el descampado, también había regalos. Unos días le obsequiaba con sortijas que le venían grandes, otros con ramas de árbol que encontraba por ahí rotas (eso es lo que le decía la chica indómita), y a veces llegaba con libros viejos, dedicados a personas que probablemente ya estarían muertas.

Además, le dejaba notas confusas por todas partes. Unas veces con palabras, otras con señales, le obligaba siempre a seguir sus pistas. Y ahí sigue él todavía. Intentando entender qué quiso decirle con aquel último mensaje escrito en las piedras.

Niño pintado con tiza en el suelo

Expectación: interés, curiosidad, expectativa, esperanza, afán, deseo, ilusión. Interés: atractivo, aliciente, fascinación, atracción, encanto, seducción, hechizo, sugestión. Curiosidad: fisgoneo, espionaje, merodeo, curioseo, huroneo, indagación. Expectativa: esperanza, posibilidad, perspectiva, probabilidad, salida. Esperanza: confianza, seguridad, certidumbre, creencia, promesa, perspectiva, ilusión, optimismo. Afán: anhelo, deseo, ansia, aspiración, pretensión, apetencia, ambición, codicia, vehemencia, determinación, decisión, voluntad, actividad, ardor, interés, esfuerzo, ahínco, trabajo, brega. Deseo: aspiración, ansia, afán, anhelo, apetito, pretensión, capricho, empeño, antojo, pasión, ambición, interés. Ilusión: anhelo, esperanza, deseo, ánimo, confianza, fe, seguridad. Atractivo: encanto, atracción, fascinación, seducción, hechizo, magia, gracia, gancho, ángel, sal, aquel, interés, aliciente, sugestión, captación, tentación, reclamo, cebo, anzuelo, cancamusa, belleza, simpatía, agrado. Aliciente: acicate, estímulo, incentivo, incitación, aguijón, imán, señuelo, atractivo, móvil. Fascinación: encantamiento, atracción, alucinación, seducción, deslumbramiento, embeleso, sugestión…

Dos bocas

Dos bocas de metro en un día de invierno. Las bocas de dos pescados. Las bocas de dos cavernas. Una boca que te engulle. Otra boca que te traga. Dos bocas. Una boca grande, otra boca eterna. Dos bocas paralelas. Igual de húmedas, igual de oscuras. Igual de anchas, igual de duras. Una boca que lame, otra boca que muerde. Una boca que te besa, otra boca que te hiere. Dos bocas de perro, dos bocas de asfalto. Una boca, un agujero. Una boca, un camino nuevo. Dos bocas que se encuentran en un día de invierno. Bocas profundas y silenciosas. Bocas de frío y de hielo. Dos bocas de papel. Dos bocas de hierro. Dos bocas de mostaza. Dos bocas de pan negro. Pan con dos bocas de invierno. Bocas que se roen y se desgastan. Si besasen de forma básica, no basarían sus besos en huesos. Huesos y bocas. Bocas y besos. Dos bocas. Una brillante, otra de piedra. Si las bocas son de aire, hay lugar para las lenguas y también para los besos. Besos de dos bocas y de dos lenguas, con un chorrito de limón y una ramita de eneldo. Son dos bocas que vuelan. Si pesan, sueltan dientes. Dientes de bocas silentes de invierno y de besos. Son besos de hueso.

¿Cómo pueden llegar a encontrarse dos bocas de metro en un frío día de invierno? Las bocas de los peces no se besan, se engullen unas a otras como si fueran cavernas. Dos bocas de dos peces que son dos grutas eternas. Vastas y perpetuas. La humedad, la oscuridad. Dos bocas igual de anchas que lamen, que muerden, que besan, que hieren. Dos bocas que se atrapan. Bocas que son agujeros. Dos bocas de asfalto que encierran caminos nuevos para llegar hasta el hielo. Hielo con pan. Hielo con hierro. Hielo con mostaza, papel y besos. Besos brillantes de piedra. Besos y dientes y lenguas que son de dos bocas. Dos bocas con zumo de limón y eneldo. Dos bocas que vuelan montadas en un hueso perseguido por los perros.