Un ojo morado

Me la encuentro siempre en el metro, aunque nunca hemos hablado. La semana pasada, cuando entró en el vagón, no pude evitar mirarla más de la cuenta. Tenía un ojo morado, y también parte del labio. ¿Qué le había pasado? Probablemente se habría caído, o se habría dado un golpe contra una puerta. O puede que le hubieran pegado un puñetazo. Eso era lo que a mí me parecía, desde luego, a pesar de que yo no quería pensarlo. Me dio un poco de pena, pero lo cierto es que ella iba sonriendo.

Ayer me caí por la calle de la forma más absurda. Un tropezón. Punto. El resultado han sido varias magulladuras en distintas partes del cuerpo, entre ellas, la cara. Un ojo morado y parte del labio. Parece que me han pegado, pero no, ha sido solo un golpe tonto contra el asfalto. Me doy un poco de lástima cuando me miro al espejo, aunque también me da la risa, tengo que reconocerlo. No sé qué pensará ella cuando me la encuentre en el metro. Quizá me mire más de la cuenta. Quizá le dé pena.

The Young Lady with a Shiner, by Norman Rockwell. http://sandstead.com/images/wadsworth_athenaeum/

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2 comentarios

  1. “El otro lado del tapiz. Las cosas
    Que nadie mira, salvo el Dios de Berkeley.” JLB
    Y tú

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