Un guitarrista flamenco

Últimamente, sobre las dos de la madrugada.

La habitación está a oscuras, me he despertado. Muevo un poco los pies y siento el frescor de las sábanas. Pongo atención. Oigo en la distancia al guitarrista de todas las noches. El rasgueo de las cuerdas se va haciendo más claro a medida que avanza por el paseo y va acercándose a mi ventana. Ahí es donde escucho “…y los pelos coloraaaaoooos…”, y luego la música y el cante se van alejando hasta que ya no se oye nada.

Alargo la mano hasta el reloj de la mesilla. Dos y cuarto de la mañana.

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