Leave me alone

Ayer por la tarde fui a depilarme. Siempre me atiende la misma chica, así que hemos acabado por hacernos medio amigas. Se llama Isa, y le gusta pinchar su propia música dentro de la cabina.

Ayer Isa tenía el día torcido: un desengaño amoroso. Hablaba a toda velocidad, y me contaba con detalle lo que había sucedido, sin darse ella un respiro ni darme a mí pie a hacer ningún comentario. Por lo visto el chico la había estado chuleando hasta que a ella se le había acabado la paciencia, que había sido ese mismo día por la mañana, así que necesitaba desahogarse, y allí estaba yo para que pudiera hacerlo mientras me quitaba los pelos de las piernas con cera tibia. Hablaba y hablaba según iba dándome los tirones, que me estaban doliendo más de lo habitual, pero yo no me quejaba porque entendía que era debido a su estado de irritación.

– Leave me alone de una vez, le he dicho, leave me alone, que estoy muy harta ya de tus tonterías.

Después de decir esto, me pidió que abriera las piernas para continuar con las ingles. Estuve a punto de proponerle que lo dejáramos para otro día, que no me corrían prisa las ingles, pero me dio no sé qué irme de aquella forma, dejándola con esa rabia contenida en medio de la faena, así que mientras ella trasteaba en el ordenador para cambiar la música, yo obedecí y me abrí de piernas todo lo que pude.

– Punto pelota -sentenció.

Luego se inclinó sobre mí con la espátula cargada de cera, y empezó a sonar una canción. Se enfrascó en mis ingles y se quedó callada. Yo no intenté reanudar la “charla” porque estaba concentrándome en aguantar el dolor que me producían los tirones y no podía pensar bien. Además, parecía que se estaba tranquilizando, y no era cuestión de reavivar su mal humor volviendo sobre el mismo asunto. Cuando me miró para decirme que ya había terminado el sufrimiento, vi que tenía los ojos llorosos, igual que yo. La canción se acabó en aquel momento, y hubo un silencio que se me hizo eterno hasta que empezó a sonar la siguiente.

– Perdona por todo este mal rollo -se disculpó mientras me aplicaba la espuma hidratante.

Le dije que no se preocupara, que seguro que se le pasaría el disgusto pronto, que no le diera más importancia de la que tenía. Y ella me contesto que sí, que no pasaba nada, que las cosas eran así y que ya estaba. Se dio la vuelta y toqueteó de nuevo en el programa de música mientras yo me vestía. Empezó a sonar otra vez la misma canción de antes, la de las ingles. Luego se puso a cambiar la funda de papel de la camilla para la siguiente depilación, le di dos besos de despedida y salí de la cabina para ir a pagar.

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6 comentarios

  1. Marqués

     /  22 de octubre de 2013

    Los ojos llorosos me han llegado al alma…

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  2. Pablo

     /  21 de octubre de 2013

    Otra entrada genial más. Y van…

    Responder

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