El jamón york es nuestro amigo

Siempre me encontraba con aquella señora en el mercado, cuando iba a comprar al puesto de los embutidos. Me miraba a los ojos y me lo decía.

– El jamón york es nuestro amigo.

Yo le seguía la corriente, y asentía con la cabeza sonriendo mientras esperaba con impaciencia a que me llegara el turno. Ahora la echo de menos. Había llegado a acostumbrarme a ella, y a que me soltara aquellas frases suyas.

– El foie con trufa sabe perfectamente cuáles son nuestros sentimientos más íntimos.

No he vuelto a encontrarme con nadie que me diga ese tipo de cosas.

– Del queso de cabra es de donde sale la mejor música del mundo.

Aquella señora era la madre del charcutero que trabaja en el puesto, pero con él nunca he tenido el feeling que llegué a tener con su madre.

– ¿Qué va a ser? – me dice cuanto me toca pedir.

Y yo le digo lo que quiero y me lo pone y punto.

– ¿Y qué más? – me pregunta después.

Y así hasta que termino con la lista que llevo para ese día. No hay emoción, ni romanticismo, ni sorpresa ninguna.

A veces me acuerdo de la señora cuando voy a comprar embutido, y fantaseo con la idea de que el jamón cocido cobra vida, y nos vamos los tres juntos a tomar una horchata al bar que hay dentro del mercado.

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