¿De dónde viene el deseo de ser escritor?

“Que alguien se someta por su propia voluntad a una tortura diaria con raros episodios de dicha extática sólo puede deberse a una disfunción, sea la deformidad general del cuerpo (Pascal), la sordera (Ronsard), ceguera (Milton), cojera (Byron), manquera (Cervantes), tartamudez (Esopo), asma (Séneca), dislexia (Dickens), anorexia (Kafka), insomnio (Cioran), epilepsia (Dostoievsky), neurastenia (Proust), halitosis (Voltaire), sífilis (Nietzsche), jaqueca (Schopenhauer), paranoia (Teresa de Jesús), psicosis (Hölderlin), delirio (Artaud), vértigo (Lutero), alcoholismo (Poe), toxicomanía (De Quincey), necrofilia (Burroughs), impotencia (Eliot), pederastia (Carroll), joroba (Leopardi), tisis (Novalis), o a traumas infantiles como la parálisis (Walter Scott), tuberculosis (Pope), personalidad dividida (Karl May), orfandad precoz de madre (Descartes), de padre (Stendhal) o de padre y de madre (Tolstoi); también al carácter suicida de quien lleva siempre en el bolsillo un frasco de veneno (Lovecraft) o a quien al final se quita la vida (Kleist). Que la idea de ser escritor resulte tan atractiva para la mayoría, incluyendo a los sanos, es lo que resulta inexplicable.”

Miguel Catalán, La nada griega
Editorial Sequitur

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