Los privilegios de la virginidad

“Vesta (la griega Hestia) era la diosa del hogar, tanto público como familiar. El hogar con su eterna llama simbolizaba la continuidad de la familia y de la comunidad, y la extinción del fuego era un asunto grave. Cuidar del hogar familiar era responsabilidad de la hija de la casa. (Freud sugirió que las mujeres cuidaban del hogar porque su anatomía, a diferencia de la de los hombres, suprime la tentación de apagar el fuego orinando en él).

Ya que una virgen no pertenece a ningún hombre, podía encarnar a la colectividad, a la ciudad: podía pertenecer a todos. Así, las hijas jóvenes de los primeros reyes romanos cuidaban del hogar real del que probablemente se derivó el culto estatal de Vesta. En algún momento del remoto pasado, el servicio del culto estatal de Vesta fue asumido por las vírgenes sacerdotisas conocidas como Vestales. Su principal tarea era cuidar del fuego en el templo de Vesta, y la Vestal que dejase apagar el fuego incurría en la pena de flagelación.”

Sara B. Pomeroy, Diosas, Rameras, Esposas y Esclavas
Traducción de Ricardo Lezcano Escudero. AKAL Universitaria

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