Una bolsa de plástico

Si no te fijas bien, no puedes verla, pero ahí está, enredada en las larguiruchas ramas del plátano más alto del parque, agitándose furiosamente con el viento que ha empezado a soplar esta mañana. En realidad es solo basura, pero como tiene ese color verde mimético, que se confunde con las hojas que la envuelven, parece otra cosa. Parece un fruto raro que se infla cuando le da el aire. Parece una bandera perdida. Una prenda de vestir. Una medusa arbórea.

La gente pasa muy cerca, pero nadie se fija en ella. Ningún transeúnte se para, mira hacia arriba y observa. Esa cosa flexible de color intenso no le llama la atención a nadie, pero hoy forma parte del árbol, y lo adorna. Le da una cualidad extraordinaria que quizá mañana pierda, porque probablemente el viento terminará arrancándola de sus desgarbadas ramas para llevársela lejos, allá por donde pase algún barrendero municipal que le dé alcance por fin, y la ponga en el lugar que le corresponde.

Puede que venga otra bolsa de plástico a este plátano frondoso y alto, pero ya no será la misma bolsa, será cualquier otra.

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